UN SEGUIMIENTO DE LOS BARES A TRAVÉS DE LA COMUNIDAD VALENCIANA Y EL RESTO MUNDO




jueves, 20 de mayo de 2010

Bar desconocido


Por Steve:

Puesto que estamos un poco parados por la ausencia de grandes incursiones birracentristas, voy a relatar uno de esos días de los que cualquier otra persona se avergonzaría.



Imaginaos la siguiente situación: Amanece un Domingo cualquiera, el sol se alza poco a poco tras la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia y en un pequeño jardín cercano, se encuentran 2 personas bailando en ropa interior mientras otra toca canciones de Bob Dylan. No sé qué cantidad de cervezas es necesaria para terminar haciendo eso pero espero que os hagáis una idea del estado en el que nos encontrábamos. Empezaban a aparecer transeúntes que nos miraba como si aquello no fuese normal y decidimos que era hora de irse cada uno a su casa. James y Grace por un lado y Tim y yo por otro. Pero por lo visto, de los múltiples caminos que se pueden trazar desde La Ciudad de las Artes hasta Plaza España, cogimos el más largo de todos. De modo que nos cansamos a mitad de la travesía y nos paramos en un bar.

Muchos sabéis lo guay que es cerrar un bar pero pocos sois conscientes de que mola mucho más abrirlos. Compartir espacio con esa gente decente que se levanta temprano para comprar churros o ir a misa, que deciden hacer un parón en su cafetería habitual, leerse el periódico, tomar un cortao y planificar tranquilamente el resto del día. Al ver eso con una cerveza en la mano y sin ser capaz de ver nítidamente a tu compañero piensas: "menos mal que no todo el mundo es como nosotros y hay personas de provecho por ahí danzando". Tim y yo estuvimos hablando de todo tipo de cosas en el tiempo que dura una cerveza. Cosas que nos parecieron graciosas, cosas que nos parecieron que tenían un toque filosófico, cosas que nos parecían profundas... aunque posiblemente, a ojos del resto del local, fuese una conversación de borrachos y punto. Recuerdo tratar de decirle algo al camarero, preguntarle si era gallego porque tenía acento de ser de por ahí, pero nada más que se acercó a nosotros para cobrarnos. Y entonces...CHAN! descubrimos que entre los dos sólo reunimos 78 céntimos para pagar las cervezas. No nos hicieron limpiar los platos ni nada, ni siquiera recuerdo que nos tiraran de mal modo. Sólo nos dijeron que no pasaba nada y que ya le pagaríamos. Y teníamos intención de hacerlo, lo juro! de hecho me pasé medio camino diciendole a Tim que al día siguiente volvíamos sin falta. Pero lo cierto es que ni sé cómo se llama el bar ni sé dónde se encontraba ni sé si me apetecía volver después de la imagen que dimos.

2 comentarios:

David dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

madre de dios, es que yo creo que aunque entremos a ese bar otro dia por error ni siquiera sabriamos si es ese...

PD soy Tim. Para volver supongoque tendremos que ponernos mas pedos aun y intentar llegar hasta plaza españa. Eso si, esta vez nos llevamos una servilleta con el nombre apuntado